El Mesías de Händel

Fecha de publicación:5 noviembre, 2015
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Palau de Altea. Altea, Alicante.

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El Mesías

El éxito de los oratorios de Häendel se debió al interés que la clase media inglesa sentía por los temas bíblicos que combinaban entretenimiento y enseñanza moral. De esta forma, gracias a los oratorios en inglés más que sus óperas, convirtieron a Häendel en un compositor de gran popularidad, al tiempo que contribuyeron a su consagración definitiva.De la mano del compositor inglés, el género del oratorio llegó a su cumbre: textos inspirados en la Biblia, llenos de consideraciones piadosas, pero encaminados a mantener la tensión utilizando una línea dramática que va creciendo paulatinamente hasta llegar al momento culminante.Häendel no cumplía precisamente el estereotipo de músico artesano que dependía económicamente de un príncipe o de la jerarquía eclesiástica, tan habitual en su época. Supo prescindir de esta atadura, a su debido tiempo, y pudo organizar su propia actividad musical. Aunque muchas de sus obras fueron compuestas por encargo de una institución o de un personaje de la nobleza, los géneros que le dieron prestigio, la ópera y el oratorio, fueron creados en un ambiente de libertad relativamente amplio.Y es que, Häendel recibía una pensión de 200 libras que le fue concedida por la reina Ana y que los sucesivos monarcas ingleses le fueron renovando. Además, sus conciertos dedicados a conmemorar ocasiones señaladas fueron generosamente remunerados; al tiempo que las diferentes ediciones de la Royal Academy of Music le proporcionaron unas ganancias muy por encima de lo que un músico de la época podía aspirar a ganar con sus composiciones.Sin embargo, Häendel no abandonó la ópera por el oratorio sólo por una cuestión empresarial. Tras su parálisis en 1737, de la que se repuso sólo a medias, le sobrevino un creciente fervor religioso que quedó patente en una música compuesta “no para divertir sino para mejorar al público”, como él mismo dijo en más de una ocasión.En 1741, el virrey de Irlanda le invitó a una estancia de nueve meses en Dublín. Allí dio una larga serie de conciertos de abono, en los que se interpretaron sus obras vocales más relevantes como ‘L'Allegro’, ‘Acis and Galatea’, la ‘Oda para la Festividad de Santa Cecilia’, ‘Esther’, ‘Alexander's Feast’ y una versión concertante de ‘Imeneo’.Terminada la temporada irlandesa en agosto, Häendel fue reclamado por el monarca, lo que prueba que no era totalmente libre de moverse a su antojo. Aún así, su estancia en Dublín le supuso un especial momento de inspiración que se convirtió en el más famoso de los oratorios: ‘El Mesías’. Ya en Londres, se dedicó por entero a su composición, tarea que le llevaría apenas tres semanas, entre el 22 de agosto y el 14 de septiembre.Como todos sus oratorios anteriores, tenía un carácter más épico y dramático que religioso. De hecho, todos estaban destinados a ser interpretados en teatros y no en la Iglesia, lo que le acarreó más de un enfrentamiento con las autoridades eclesiásticas inglesas.Para ver el estreno de ‘El Mesías’, hubo que esperar a que Häendel viajara de nuevo a Dublín. Precedido de una gran expectación, el estreno tuvo lugar el 13 de abril de 1742 en el New Music Hall de la capital irlandesa bajo la dirección de Matthew Dubourg, discípulo de Geminiani. Según las crónicas de la época, el éxito fue arrollador. Haendel había destinado con antelación los beneficios del estreno a acciones de beneficencia a favor de presos y enfermos de diversos hospitales.Un año después, en marzo de 1743, fue presentado en el Covent Garden de Londres bajo el título de‘Oratorio Sacro’ para evitar las acusaciones de que su interpretación suponía profanar un tema sacro en un lugar tan poco idóneo como el teatro y con unos intérpretes que nada tenían que ver con la liturgia. Todo esto contribuyó a que no tuviera el éxito esperado y a que, en un primer momento, ‘El Mesías’ no despertara el fervor popular que alcanzaría años más tarde. Sin embargo, Häendel no se desanimó y ofreció una nueva audición del oratorio en el Foundling Hospital donde, a partir de mayo de 1750, la obra se repitió año tras año siempre con éxito creciente.